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Historia

Para entender la historia de Teqüe Rugby Club, su génesis, y su ADN, vale la pena adentrarse en un mundo que ya no existe como tal. Un momento de la humanidad, donde los movimientos de los hombres eran ejecutados de otra manera a la que conocemos en nuestros días.

Teqüe nace legalmente un 16 de noviembre de 1973, pero fue a fines de la década del ’60 que tuvo su gestación, con una generación que ejecutó el sueño de un club de rugby.

Para el comienzo del nuevo milenio Teqüe ya estampaba nombres en el primer nivel del rugby nacional e internacional. Si bien Marcos Baëck había sido el primer Puma que pasó por Teqüe, allá por los finales de los ‘80, es justo mencionar que no era un hombre de la cantera azul, sino de Pueyrredón.

Miguel Ruiz fue el primer Puma surgido de las inferiores de Teqüe. En 1994 fue convocado para los Pumitas y desde entonces acumuló 27 caps y un Mundial de Mayores, durante ocho años de trayectoria con la camiseta celeste y blanca. Jugando en Nueva Zelanda, Italia y Francia, para luego volver a ser el capitán, entrenador y presidente del club que lo vio nacer.

«Para saber quienes somos, es mejor conocer de donde venimos» Toda nuestra Historia a continuación:

1960

EL MUNDO DE LAS IDEOLOGÍAS

Así como la Segunda Guerra Mundial había dado lugar a la Guerra Fría entre norteamericanos y rusos, los ’60 fueron una explosión de movimientos sociales, con carismáticos líderes al frente.

Mientras el hombre llegaba a la luna o comenzaban las primeras transmisiones de televisión, líderes como Kennedy, Luther King, Malcom X, Mao, Fidel Castro, el Che Guevara, o los Beatles, entendían que pasar de las palabras a la acción era tarea de los jóvenes con nuevas ideas. Así surgieron movimientos como los del Mayo Francés, la Revolución Cubana, la Revolución Cultural china o las luchas por los derechos civiles tras Vietnam.

En nuestro país, desde 1966 gobernaba un régimen de facto, conocido como la Revolución Argentina, que había derrocado al presidente Arturo Illia. Onganía, Levigston y Lanusse, todos militares, ejercieron la primera magistratura del país hasta 1973, donde Cámpora le abrió el camino a la tercera y última presidencia de Juan Domingo Perón. Los movimientos sindicales y revueltas estudiantiles eran moneda corriente. El molde de un sistema comenzaba a resquebrajarse tironeado por nuevas ideologías. Por su lado, en Mendoza el partido Demócrata era el que tradicionalmente gobernaba con Francisco Gabrielli como su figura más destacada. Don Pancho había sido elegido gobernador en 1961 y repitió en 1966, pero en ambas oportunidades sus mandatos fueron interrumpidos por un golpe militar.

Tras el golpe de Onganía llegaron un par de Interventores Federales puestos por la Revolución (José Caballero y José Eugenio Blanco), hasta que, en 1970, Gabrielli fue nombrado Interventor, tarea que culminaría con la revuelta popular conocida como el Mendozazo.

Los jóvenes eran el caldo de cultivo de las nuevas ideas. Agrupaciones estudiantiles, noches con reuniones políticas, sindicales y de cualquier índole eran motivo suficiente para organizarse y poner en acción un plan de un mundo mejor, más justo y con otros valores a los vigentes.

1965

TAMBIÉN EL RUGBY

En ese marco histórico, Teqüe y otros clubes empezaron a gestarse en la provincia, donde el rugby ebullecía como consecuencia de la primera “fiebre Puma” de nuestro país, tras la gira del seleccionado argentino por Sudáfrica, en 1965.

En Mendoza el rugby data, desde mediados de los ’40, pero la primera gran explosión se dio sobre el final de los ’60. El club Obras Sanitarias (fundado en 1938) era un polo social importante para nuestra provincia, y el rugby era una de sus ramas más fuertes, con un nutrido grupo de exponentes que tenían un alto estatus entre las comunidades de Godoy Cruz y Luján, dada la ubicación geográfica del club, en la zona de Benegas, que congregaba a una gran cantidad de jóvenes por tener una gran pileta que enriquecía su vida social durante los veranos.

1965

EL RUGBY DE OBRAS

Pancho Shelton fue un hombre trascendental en el rugby de Obras. Este ex Cóndores llegó a Obras alrededor de 1965 y se hizo cargo de una 4º División, que terminó siendo campeona del torneo local.

Por esos días, muy pocos clubes de Mendoza (Universitario, Obras Sanitarias, Mendoza R.C., Marista, Universitario Central, Los Cóndores, Medicina Rugby Club, Amancay -San Juan-, Automóvil Club y Los Pumas Rugby Club -ambos de San Rafael-) tenían 6º, 5º, 4º y Primera división (los más completos), que iban desde los 14 años para arriba, según apariencia y potencia del jugador. Por lo que el título de la 4º de Obras sirvió para sumar jugadores de jerarquía a la Primera, que venía necesitando sangre nueva, tras la pérdida de varios jugadores que habían decidido formar Los Tordos en 1961.

El equipo de Shelton tuvo a nombres como: Morresi, Araya, Prato, Freire, Díaz, Cazorla, Birkenfield, Escudero, Pereyra, Poggi, Martínez, Abud, Videla, entre otros. Shelton siempre supo convencer y utilizó esta virtud para reclutar hombres de otros clubes. Así, entre los “viejos” jugadores que quedaban de la Primera (con el Duque Agüero a la cabeza), la 4º campeona y los nuevos como Reboredo, Sturniolo, Segura, Lomazzi, Curelli, los hermanos Demonte, logran armar un equipo muy competitivo, ya que además se suma a Obras nada menos que el fortísimo pilar, Oscar Bempo, integrante del multicampeón Marista de esos años, que deja a los Tricolores con la llegada de Fariello a las filas del conjunto Cura, y aparece en Obras como jugador y entrenador en los inicios de los ‘70.

Así se empiezan a conformar las patas de un renovado Obras Sanitarias, que mantenía al Flaco Enrique Villa como el dirigente más representativo, y quien luego sería el primer presidente de Teqüe Rugby Club. Sobre finales de los ’60, Obras arma una buena Primera División y empieza a asomar otra camada importante (porque serían los fundadores de Teqüe), que dan lugar a otro prócer de la era pre-teqüina: Luis Reboredo.

Reboredo, era un buen medioscrum de la Primera, pero sus dotes como entrenador dejarían una huella más profunda. El técnico, que para muchos sería un “nazi” de la época, era un cultor de los métodos y disciplina del entrenador que les daría forma a Los Pumas de 1965: Izac Van Heerden.

Para quienes no conocen la historia de Los Pumas del ’65; Sudáfrica tenía buenos lazos con Argentina y fueron invitados para jugar en su país, en una gira de dos meses. Como los sudafricanos eran conscientes de las diferencias entre ambos equipos, decidieron enviar a un “coach” propio para reforzar la preparación de Los Pumas. Lo cierto fue que bajo una estricta disciplina, Van Heedren se convirtió en el gurú de Los Pumas y logró ganarles a los Juniors Springboks por 11 a 6, en el Ellis Park en la recordada gira del ’65, marcando un hito en la historia del rugby argentino, no solo por la notoriedad del resultado y el rival, sino por el temple que había dejado en aquel grupo de jugadores.

Reboredo toma la 4º División y gana en resultados y adeptos. Pero los métodos del entrenador no eran para cualquiera. Es así, que se arma una 4º “B”, entrenada por Juan Carlos Escudero, para quienes no se adaptaban a las exigencias de Reboredo.

En estos equipos aparecen nuevos nombres que son protagonistas de éxitos de Obras y el nacimiento de Teqüe. Alcaráz, Ortigala, Rubira, Carballo, Pelliciari, Santana, Videla, Aguiar, Babini, Mémoli, Chirino, Mora, Zangheri, los hermanos Ricardo y Daniel Ballarini, son algunos de los integrantes de estos equipos, concebidos bajo el “sistema Reboredo”.

1972

AQUEL CORTE DE LUZ

Por el mes de agosto del año 1972 tienen lugar las Olimpiadas de Obras Sanitarias, en la sede de Mendoza. Era un evento deportivo habitual entre las filiales de todo el país de Obras Sanitarias, que servía para integrar a los deportistas de las diferentes disciplinas en un solo sitio para compartir momentos de camaradería.

Durante la comida de cierre del evento hubo un corte de luz intencional que paralizó la velada. La energía demoró unos instantes en volver, y cuando lo hizo, los jugadores de rugby de la filial de Mendoza fueron señalados como los responsables del incidente.

Incluso, en la nota formal que derivó en la suspensión de todos los involucrados, se remarcó que los jugadores de rugby fueron vistos en situaciones “indecorosas” para la época, con señoritas presentes en el evento. Los jugadores de la 4º fueron sancionados por 3 meses y los de la Primera, por 2 meses. Aunque ya había terminado la temporada, por lo que no se perdían partidos del torneo oficial.

Sin embargo, la medida ejemplificadora dio lugar a que un grupo de jugadores y dirigentes se decidieran a fundar un nuevo club de rugby en Mendoza. Así comenzó un largo peregrinaje por diferentes lugares de entrenamiento para estar unidos y mantener viva la llama del nuevo club.

Hubo entrenamientos en el Club Filipini, en el club Chacras de Coria (donde jugó de local el primer año), en la cancha de Jorge Newbery, el club YPF, Parque Biritos, en el Prado Español y hasta casi se logra una fusión con el Club Mendoza de Regatas.

Fueron duros momentos, de reuniones en el Club Agua y Energía (en Av. San Martin y Morón) o en Automotores Colonial, de Néstor Serrano (en calle San Juan y Brasil), lugar donde se firma el primer acta fundacional de Teqüe Rugby Club.

1976

CASA PROPIA

Como hemos señalado, los primeros años fueron duros para Teqüe. Sin sede oficial, hubo varios lugares de entrenamiento y se tomó la decisión de alquilar la cancha del club Chacras de Coria para actuar de local, con dinero del bolsillo de los miembros de Comisión Directiva.

Así se mantuvo la situación hasta 1976, cuando el padre del por entonces jugador Pepi Guisassola –corredor inmobiliario- trajo el dato de unos terrenos en calle Tirasso, de Buena Nueva.

Se trataba de una herencia de tres terrenos recibida por tres hermanos, que estaban dispuestos a vender. Las gestiones no fueron rápidas, porque hubo que convencerlos por separado y acordar con cada uno de ellos de los montos, pero se llegó a un acuerdo en el cual se les hizo el pago de un porcentaje de lo solicitado, con la condición de poder tomar posesión de manera inmediata. La compra definitiva no se podía hacer, porque incluso ni siquiera estaba abierta la sucesión de herederos.

Allí se agrega a la figura de “socios fundadores” para los que habían iniciado la gesta de Teqüe;  la de “fundadores vitalicios”, que fueron un puñado de no más de 10 o 12 personas que pusieron el dinero para pagar aquel anticipo en los terrenos de calle Tirasso.

Lo cierto fue que donde no había otra cosa que campo, con mucho esfuerzo y trabajo de todos los jugadores, padres, entrenadores, socios y dirigentes del club, se fue construyendo la sede de Teqüe. Ladrillo por ladrillo y sacando piedra por piedra. Todos entrenaban y luego trabajaban o viceversa.

Divisiones enteras, con sus entrenadores a la cabeza y muchas veces acompañados por los padres de los jugadores fueron realizando diferentes tareas para darle forma al club.

Allí sería la primera sede de Teqüe RC, e incluso durante la primera fiesta de fin de año, se trajo un semi remolque que sirvió como escenario donde luego se construyó la cantina del club. Allí se congregaron las primeras familias de los pocos más de 100 socios que despidieron el año con unas terneras asadas con cuero, donadas desde Lavalle. Las mesas y sillas fueron conseguidas por Teddy Tomba, a través del Banco de Previsión Social y tuvieron que ser devueltas al final de la fiesta, llevándolas hasta Rodeo del Medio. Pero la felicidad de la “casa propia” superó cualquier obstáculo.

1982

UN HITO LLAMADO PAJO BALBARREY

El arribo de José Manuel Balbarrey a Mendoza sería un hito, no solo en la historia de Teqüe, sino en la del rugby mendocino. El conocido como Pajo, ex apertura de Pucará, llegó desde Buenos Aires en 1972, trayendo a una tía viuda a Mendoza desde la Capital, con la idea de dejarla y retornar a su ciudad natal sin siquiera pasar una noche en la provincia.

El destino quiso que otros intereses despertaran su amor por Mendoza y una vida más tranquila. Ya con trabajo en nuestras tierras, se cruzó con Oscar Bempo, que por ese tiempo estaba en Mendoza, jugando y entrenando a Obras Sanitarias.

Balbarrey había el artífice del primer contacto de aquel poderoso primera línea con el rugby en los años ‘50, en Pucará, y por esa amistad lo invitó a Obras. En su llegada al club de Benegas, Balbarrey empezó como árbitro, ante la ausencia ocasional de un juez en un partido de intermedia.

Bempo sabía que la editorial para la que trabajaba lo iba a volver a trasladar a Buenos Aires y le pidió a Balbarrey que tome las riendas del equipo en Obras.

El Pajo entrenó al primer equipo de Obras y tuvo buenos resultados, pero después de un tiempo renunció al cargo y se dedicó a la dirigencia, justo cuando ocurrió el citado incidente del “corte de luz” que derivó en sanción para la rama rugbística de Obras.

Balbarrey fue de lo más activos en la concepción del nuevo club, que llevaría el nombre de Teqüe (cría del guanaco en lengua huarpe), por ser la institución más joven de la Unión de Rugby de Cuyo. De hecho, integró la primera comisión directiva de Teqüe, donde Villa fue el presidete, Serrano el vice, Balbarrey el secretario, junto a Rodríguez, Alcaráz, Babini (padre de Luis Pedro), entre otros.

Un primer equipo de Teqüe pudo formar con: Ricchiardi, Alcaráz, D. Ballarini; Castelani, Escudero; Ortigala, Carballo, L. Babini; M. Santana, Losano; Pellicciari, G. Soler, Agüero, Carmona; Reinal; acompañados por Guissasola, Damonte, Martínez, Sturniolo, Cavagnaro, Alain Baque´.

El Pajo tomaría la presidencia en 1982 y la ejercería durante 12 años en el club, para luego ser el mandatario de la Unión de Rugby de Cuyo por tres períodos hasta 2004, en los cuales se puede mencionar la compra de la sede en calle Entre Ríos y la gestación del Mundial Juvenil para M-20 que tuvo lugar en Mendoza, en 2005.

1988

PRIMERAS ALEGRÍAS

Ya con un lugar propio donde jugar, empezaron a llegar los primeros éxitos deportivos y la visita de equipos de todas partes del mundo.

Hubo que esperar hasta 1988 para ver la primera vuelta olímpica de la Primera División de Teqüe. Fue en el Torneo Douglas Carbonell de ese año, cuando los azules se impusieron con lo justo a Marista por 9 a 6 en la cancha del Mendoza RC. En ese equipo jugaba el Puma Marcos Baëck, que había llegado desde Pueyrredón de Buenos Aires a Mendoza en busca de trabajo y el Pajo Balbarrey (por entonces presidente del club), lo recomendó en las constructoras D’Ascanio y luego Monteverdi.

Los festejos se repitieron en 1990 y 1995 en el mismo torneo de fin de año, justo cuando Teqüe había sufrido la pérdida de varios jugadores y entrenadores que decidieron formar el actual Banco Rugby Club.

Esos fueron años de crisis institucional que hubo que transitar con un reordenamiento interno. El golpe había sido fuerte. El legado marcado a fuego por el entrenador del Tala cordobés, Ricardo Bagnis (otro reclutado por Balbarrey, cuando fue trasladad por el Banco Río a Mendoza) también sería un hito en nuestra historia.

Una camada completa de jugadores fueron los herederos de la filosofía de Bagnis, que con el correr de los años se transformó en la actual identidad de Teqüe, que muchos resumen en “scrum, presión y tackle”.

Bagnis dejó mucho más que tres palabras en Teqüe. Porque ese nacimiento de un espíritu que venía desde los origines del club, se consolidó y tomó forma en el juego, con defensores y detractores de una idea de club con la que no todos comulgaban con la misma intensidad.

Lo cierto fue que después de algunos años de tormentas, las aguas se calmaron en el año 2000, con la primera gira por el exterior del plantel superior.

A Sudáfrica volaron dos equipos completos con muchos otros ex jugadores, dirigentes y amigos que se sumaron a la comitiva que estuvo un par de semanas en Ciudad del Cabo y Stellemboch disputando una competencia local con muy buenos resultados.

1994

ESTRELLAS EN EL FIRMAMENTO

Para el comienzo del nuevo milenio Teqüe ya estampaba nombres en el primer nivel del rugby nacional e internacional.

Si bien Baëck había sido el primer Puma que pasó por Teqüe, allá por los finales de los ‘80, es justo mencionar que no era un hombre de la cantera azul.

Miguel Ruiz fue el primer Puma surgido de las inferiores de Teqüe. En 1994 fue convocado para los Pumitas y desde entonces acumuló 27 caps y un Mundial de Mayores, por ocho años. Jugando en Nueva Zelanda, Italia y Francia, para luego volver a ser el capitán y entrenador de del club que lo vio nacer.

Diez años más tarde, en 2004, sería el turno de Gonzalo Pérez de pasar por los Pumitas, e inmediatamente después se le sumarian José Mariano Cannata, Santiago Sánchez, Juan Pablo Ruiz, Alexis Barone y por último Matias Díaz, en los diferentes seleccionados nacionales, quienes han hecho conocer el nombre de Teqüe en el país y el mundo.

2004

NUEVA SEDE

En el año 2004 aparece la posibilidad de mudarse. Esta vez fue Gustavo Kretschmar quien hace el contacto con una finca de la familia Brunetti, en Gral. Ortega, departamento de Maipú.

El predio contaba con una coqueta casona de corte señorial rodeada de una añeja arboleda, que formaba parte de un total de 28 hectáreas de plantaciones de árboles frutales.

La idea del nuevo club se consolidó con la propuesta de un fideicomiso que loteara 20 hectáreas para construir un barrio privado, al tiempo que cediera las restantes 8 hectáreas para la realización de la nueva sede de Teqüe Rugby Club. Y así se concretó.

Con el aporte de inversores (en su mayoría socios) que adquirieron sus lotes en el barrio privado, se hizo la compra de las actuales instalaciones de Teqüe, que además se vio beneficiado al año siguiente, con otros ingresos en césped, elementos de entrenamiento e infraestructura en general (vestuarios, cantina, etc) provenientes de los aportes hechos por la International Rugby Board para la realización del Mundial Juvenil M-20 de 2005, donde Teqüe fue sede del seleccionado de Gales.

Finalizada la Copa del Mundo para juveniles, llegó el bautismo de fuego para la cancha número 1. Fue el 26 de junio de 2005, con una victoria por 21 a 0 sobre los cordobeses de Palermo Bajo, por el Torneo Nacional de Clubes, en la zona Ascenso.

El 19 de diciembre de 2010 se concretó uno de los últimos sueños: la cancha sintética de hockey césped.

Con la fusión entre Teqüe y Vistalba para el área de hockey, allá por los finales de 2009, un nuevo objetivo comenzó a ser buscado, que se vio cristalizado con la inauguración de la cancha sintética para que hombres y mujeres puedan tener su campo propio en la familia azul. Fue un gran esfuerzo y la prueba viva de que el espíritu del club se traslada a cada uno de sus socios.